SERGUÉI EISENSTEIN
El Acorazado Potemkin atacará un
importante puerto del mundo y lo puede hacer en cualquier momento. No faltan
quienes sugieren que el poderoso buque con sus cuarenta cañones se dirija, no a
Odesa, sino a Southampton. Por otro lado, una gran huelga puede paralizar a Nueva York y es probable que se registren
violentas escenas de represión; las batallas callejeras multiplicarían
incendios monumentales y Obama se vería enrojecido por el fuego. La otra noticia siniestra es la que ronda por México y
está relacionada con todos los muertos del narcotráfico y otras instituciones comerciales. El Día de Muertos
miles de víctimas saldrán de sus tumbas para organizar una terrible venganza; Carlos Slim está muy preocupado por el regreso de sus hermanos Julián y José. Siempre habrá temas para el creador de ¡Qué Viva México! quien no pierde vigencia. Nació en Riga, Letonia, en el duro invierno de 1898.
Su madre era una mujer culta y en su hogar se hablaba en ruso y se respetaban
las tradiciones judías, pero fue su padre el que lo llevó al circo por primera
vez. El niño regresó maravillado contando lo que había visto: El Oso. La
comedia del animal lo había impactado de tal manera, que en ese momento el niño
decidió que se dedicaría a estudiar el teatro de los osos para ser un gran oso. La madre lo escuchó con asombro y lo amenazó
diciéndole que si quería triunfar como oso, que primero pensara en estudiar
ingeniería, carrera que siguen los osos que quieren ser más inteligentes que
los otros. Estas oportunas palabras maternales quedaron grabadas en su mente y
el joven Serguéi cursó estudios de ingeniería civil en Petrogrado. Si bien el joven terminó dedicándose al teatro, pudo poner en práctica sus conocimientos
de ingeniería para montar un sistema escenográfico nunca antes visto. Estaba en
ese éxito cuando se proyectó en Riga El gabinete del Dr. Caligari, película muda dirigida por Robert Wiene. Este film lo sacó inmediatamente del teatro y se dedicó a esa nueva forma de manejar las emociones del espectador. Con su experiencia previa, desarrolló su propia teoría del montaje cinematográfico y además, sacó los actores del pueblo, que suelen trabajar mucho mejor que los actores contratados y sin tantas pretensiones. En su película Octubre, producción oficial para celebrar los diez años de la Revolución de Octubre de 1917, Trotsky hace de Trotsky, y Lenin actúa como Lenin. A Stalin tanto realismo no le gustó para nada y se preocupó; una nueva y poderosa arma se estaba gestando demasiado cerca de sus bigotes y su nariz, no obstante, qué arma para hacer propaganda de su gestión política. Mientras tanto, el doctor Satlin recetaba purgas a diestra y siniestra. Menos mal que Serguéi tuvo que viajar a París en 1930 para estudiar un sistema de sonido para el cine, de lo contrario no hubiera contado el cuento. De Francia pasó a México, donde dejó inacabada la famosa película. Años después, para reconciliarse con el Kremlin, el que se había escapado a tiempo propuso filmar una trilogía sobre el Zar Iván IV de Rusia y con la venia del bigotudo, presentarlo como héroe nacional. Al dictador la primera parte de la saga le arrancó una media sonrisa, no así la segunda que fue confiscada; también rodó una tercera, pero quedó inacabada. La historia de la cinematografía mundial mucho le debe al genio de Eisenstein, un director osado que falleció en 1948 y que nunca supo que en Berlín a partir de 1951, cada año en el Festival de Cine, premiarían a la mejor película con un Oso de oro.
Está claro que me gustan las películas viejas y si son
francesas y de la Nouvelle vague, mejor. Alguien observó que en mi
lista de preferencias había sólo un director de cine inglés. Es cierto, los
directores ingleses cuando no están ocupados dirigiendo teatro, están en la
televisión, como Charles Sturridge, que dirigió casi todos los capítulos de Retorno a Brideshead (Brideshead Revisited), serie de
televisión basada en la novela homónima de Evelyn Waugh y que está considerada
como una de las diez mejores que ha producido la televisión inglesa. Fue un
buen trabajo que juntó a los mejores: Laurence
Olivier, Claire Bloom Jeremy Irons,
Jane Asher, John Gielgud,
Diana Quick, Anthony
Andrews, Phoebe Nicholls y otros más. Vuelvo a Hitchcock: siempre
he admirado al director y productor de Los
pájaros, quien nació en el tranquilo barrio londinense de Leytonstone, un
suburbio infame donde sólo se cometían crímenes mediocres. Allí en aquel Leytonstone un joven, ya con una calvicie incipiente y talentosa, leía al viejo Dickens y al nuevo Chesterton. Gracias a Dios, todavía no existía
el vicio de la televisión. Alfred no había cumplido 30 años cuando comenzó a
trabajar para una productora inglesa de cine mudo. Cumplía una labor
delicada, hacer los rótulos para las
películas. En esa empresa, la Famous Players Lasky, se deslumbró por una compañera
de trabajo, Alma Reville, a quien le solía hacer algunas bromas pesadas;
terminaron casándose. Luego de dirigir algunas obras mudas y aburridas, en 1929
dirigió la primera película sonora del
cine inglés: Blackmail (Chantaje /La muchacha de Londres), la
que le otorgó cierto prestigio. En 1937, con su mujer y su hija, visitó por
primera vez USA, país que ya conocía a través de los cuentos de Edgar Allan
Poe. Según David O. Selznick, productor de Lo
que el viento se llevó, lo mandó a llamar porque ya era hora que Alfred
fuera conocido como Hitchcock, el hombre adecuado para adaptar y dirigir una
película basada en Rebeca, novela de
Daphne du Maurier. Dicho sea de paso,
Daphne también es la autora del relato “Los
pájaros”. El film tuvo éxito y
obtuvo once nominaciones al premio Oscar, pero no logró ninguna estatuilla.
Entre 1922 y 1976, Hitchcock dirigió 58 películas y la mejor supervisora de
todas fue Lady Hitchcock. En cierto film a punto de estrenar, hubo que rodar
una escena de nuevo cuando Alma, revisando lo filmado, descubrió que la muerta
en la bañera tragaba saliva. El director de Psicosis
siempre trabajó con actrices bellas. Una mujer bella puede potenciar el miedo
en su rostro como no lo puede hacer una mujer fea, por más buena actriz que
sea. Al fin y al cabo, a Hitchcock le
pasó lo mismo que a Molière con la Academia
Francesa , nunca recibió un Oscar de la Academia de Hollywood; a
él no le faltó honor ni gloria, les faltó a ellos.
VITTORIO DE SICA
Vittorio de Sica, nacido en Sora,
Italia, en julio de 1901, de profesión actor y director de cine, falleció en
Neuilly, Francia, en noviembre de 1974 y desde entonces, está filmando en el Cielo.
La estadía celestial de Vittorio en compañía de ángeles y santos que le asegura
una vida eterna, se la ganó por dirigir la película La puerta del Cielo, financiada por el Vaticano. Este relato parece
literatura católica infantil, pero lo que aquí se dice es absolutamente cierto.
En ese largo film, De Sica se dio el lujo de relacionarse con dos Papas, hecho
no superado por ningún otro director de cine, ni siquiera por Woody Allen. La
curiosa producción cinematográfica se comenzó a rodar en el verano europeo de
1943, según un acuerdo secreto entre De Sica y el Papa Pío XII, para poder
salvar de la muerte o ir a parar a los campos de concentración, a un
multitudinario elenco de actores y técnicos, entre los cuales había unos 300
judíos italianos y otro elenco no menor de extras conformado por perseguidos
antifascistas. El acuerdo de la producción con la
Santa Sede , establecía que el rodaje debía
prolongarse lo máximo posible hasta que llegaran los aliados para liberar a
Roma. El delegado, nombrado por su Santidad para supervisar éste y otros
aspectos de la producción, era Giovanni Montini, futuro Papa Paulo VI. El 5 de
junio de 1944 llegaron los aliados y al otro día, el Centro Católico de Cine
terminó con la filmación de esa
eternidad, cuyo documental lo tendría que haber filmado Fellini, pero se
lo perdió. El neorrealismo italiano con Vittorio De Sica a la cabeza, consiguió
filmar obras inmortales como Lustrabotas,
Ladrones de bicicletas, Milagro en Milán, y en una etapa posterior, Ayer, hoy y mañana y El jardín de los Finzi-Contini. Ésta
última fue para De Sica lo que fue El
Gatopardo para Visconti. La
Academia de Hollywood premió con cuatro oscares las películas
antes nombradas, menos Milagro en Milán,
que fue premiada en el Festival de Cannes. También en el año 2009, el alma de Vittorio recibió un tributo en las
Jornadas de los Autores de Venecia, cuando Mario Canale y Annarosa Morri, en
presencia de los hijos de De Sica, presentaron un emocionado documental donde
se leyeron fragmentos de cartas que Vittorio les escribía a sus hijos mientras
estaba filmando. Las cartas de ese padre ausente contienen agudas observaciones
acerca del cine, la vida y el trabajo de un hombre que supo ser artista en el
profundo sentido de la palabra. En ese documental también se acordaron de
Cesare Sabatini, su mejor guionista y el verdadero padre de Totó, la criatura del
Neorrealismo italiano. Sin ir más lejos,
para Vittorio De Sica el hecho de poder disfrutar del Cielo donde no hay
casinos, lo exime de estar pagando en un barrio vecino unos cuantos pecados
mortales. Después del cine, sus otras pasiones eran la timba y el escolazo.
LUCHINO VISCONTI
Los genes cinematográficos de la célebre
familia gibelina de Milán se remontan al año 1227. Otón Visconti, arzobispo,
militar y régisseur, montó la
coreografía de una ópera donde a música de espadas venció a la familia Della
Torre, lo que le permitió tomar el control de la ciudad-estado con la bendición
del Señor. Sus descendientes perfeccionaron la obra a través de un cuidado y
bello estilo con tendencia a lo espectacular, como Mateo I Visconti, alma máter
de una potente liga gibelina. La edad Media como se sabe, era interminable y
también sus herederos. Entre ellos estaba Gian Galeazzo Visconti, 1347 –
1402, primer duque de Milán, que ejercía
una marcada inclinación hacia lo melodramático y una preocupación por una justa
composición plástica de corte netamente pictórico. La lírica familiar se
interrumpió con la muerte de Filippo María Visconti en 1447, que fue sucedido
por su yerno, el tenor Francisco Sforza. Cuando la dinastía volvió a escena en el siglo XX, lo único que
tuvo que hacer Luchino Visconti fue ponerse a dirigir. Wikepedia, la sobrina
más o menos informada de la familia Web, tiene a disposición los títulos de las obras
de Luchino Visconti:
* 1942 - Obsesión
* 1942 - Días de gloria
* 1948 - La tierra tiembla
* 1951 - Bellísima
* 1953 - Nosotras las mujeres
* 1954 - Senso
* 1957 - Las noches blancas
* 1957 - Rocco y sus hermanos
* 1962 - Boccaccio '70
* 1963 - El Gatopardo
* 1965 - Sandra (Vaghe stelle dell'Orsa)
* 1967 - Las brujas
* 1967 - El extranjero
* 1969 - La caída de los dioses
* 1970 - Alla ricerca di Tadzio (documental)
* 1971 - Muerte en Venecia
* 1972 - Luis II de Baviera (Ludwig)
* 1974 - Confidencias (Gruppo di famiglia in un interno)
* 1976 - El Inocente
El Festival de Venecia premió a Visconti en tres oportunidades y el
Festival de Cannes en 1963, le otorgó la merecida Palma de Oro por El
Gatopardo. De no haberlo hecho, el jurado hubiera quedado aplastado por el
peso de 837 años de historia.
ALAIN RESNAIS
Alain Resnais ha tenido la delicadeza
de filmar recuerdos del siglo XX que serán rememorados en el siglo XXII. Su
frase de cabecera refiere el propio olvido y el ajeno: “Como tienen memorias cortas, los hombres acumulan numerosos
recordatorios.” Uno de sus primeros
y atrevidos cortometrajes, que aparentemente nos contaba la vida de Vincent Van
Gogh, nos revelaba de algún modo cuales eran los recursos encontrados por Alain
Resnais. Por otro lado, aprendió a caminar la cámara como quien aprende a
caminar una calle. Así, filmó de una manera experimental y para los amigos los
jardines de París y los castillos de Francia. No en vano, había estudiado en el
parisino Instituto de Altos Estudios Cinematográficos. De la teoría pasó a la
práctica trabajando en montaje para otros directores como Agnès Varda, Willian
Klein y François Truffaut. Años después, cuando trabajó el tema del Holocausto
con Cris Marker en la película Noche y
niebla, desarrolló su propio concepto del montaje de material de archivo y
de tomas puntuales y flashbacks, todo esto con el propósito de hacer visible la dolorosa experiencia que los nazis
habían tratado por todos los medios de hacer invisible. El texto del film era
del poeta francés Jean Carol, editor y miembro de la Academia Goncourt ,
quien había sovrevivido a los horrores de los campos de concentración. La continua creatividad llevó a Resnais a
incursionar en un guión futurista: Te
quiero, te quiero, obra que ese año 1968 tuvo una primavera de barricadas,
humo, piedras y fuego, donde la crítica no estaba pendiente de los directores
cinematográficos, sino de los productores del Mayo francés: Alain Geismar,
Jacques Sauvageot y Daniel Cohn-Bendit. El otro guión original que pasó por sus
cámaras fue el de Providence, libro
de Howard Phillips Lovecraf, escritor que ha inspirado a varios presidentes
norteamericanos y a otros políticos. Sin
embargo, Resnais siempre consiguió buenos guiones y bellas canciones para sus
películas: On connaît la chanson, La Vie est un roman, etc. Entre sus mejores
películas se cuentan Hiroshima mon amour
y El año pasado en Mariembad, obras
que tienen ventanas con cortinas que suelen cubrir las imágenes de Marguerite
Duras o la de Alain Robbe-Grillet, figura que a su vez cubre la de Adolfo Bioy
Casares, valiosas libertades literarias cuyas manos han escrito para la mirada
de Resnais. De todos sus trabajos, el que llegará más lejos es uno de los más
cortos. El film sólo dura 21 minutos, aunque tiene una extraordinaria capacidad
de galerías, libros y aposentos: Toda la
memoria del mundo, donde Resnais con una cámara hiperactiva, visita en 1956
la Biblioteca
Nacional Francesa y al mismo tiempo que va contando con
imágenes, va creando un desconocido lenguaje, joven y fresco, que es el suyo y que será de todos.
JEAN-LUC GODARD
Intelectual comprometido como pocos,
Godard ha escrito sobre la historia del cine como un trabajador de la industria
cinematográfica y como un espectador
atento que ha colaborado desde los años
50 en Cahiers du Cinema, publicación
que conoce el tema de cerca y porque sus redactores nunca dejaron de hacer
cine, o por lo menos, de ir al cine: André
Bazin, Claude Chabrol, Jean Renoir,
Jacques Rivette, Éric Rohmer, François Truffaut. Para Jean-Luc sus estudios de Etnología,
materia que aprendió en La
Sorbonne , y sus conocimientos de albañilería, trabajo que
tuvo que practicar en Suiza, fueron de gran utilidad para filmar su primer
documental: Opération béton. Los
dioses de la Nouvelle vague consintieron, como diría Borges,
que su cuarta película debía lanzarlo a la fama. En efecto, en el verano de
1959 ya estaba filmando À bout de soufflé (Casi sin aliento) con Jean-Paul Belmondo en el
personaje de Michel y Jean Seberg en el papel de Patricia. Truffaut y Chabrol
también lo ayudaron con el guión de esta película en blanco y negro. Estrenada y presenta al Festival de Cannes de
1960, Godard tuvo que luchar contra gigantes como Ingmar Berman y Federico
Fellini. Belmondo a su vez, tuvo que competir con actores de la talla de Max
Von Sydow y Marcello Mastroiani. Jean Seberg por su parte, tenía como rivales a
Melina Mercouri (Nunca en domingo) y a Jeanne Moreau. En el momento de
la premiación, La fuente de la doncella de Berman obtuvo del jurado una Mención
Especial, y Jeanne Moreau fue premiada como mejor actriz por Moderato
Cantabile, película dirigida por Peter Brook y basada en la
novela homónima de Marguerite Duras. En esa jornada de buen cine mundial, los
insostenibles senos de una madona sueca fueron abrazados por el éxito, había
ganado como mejor película La dolce vita y los eminentes pezones de
Anita Ekberg, bendecidos e iluminados, tuvieron esa noche su debut y su
despedida. Godard siguió filmando como siempre y estrenando una, dos o tres
películas por año. En 1962, estrenó junto a los directores Claude
Chabrol, Jacques Demy, Sylvain Dhomme y Philippe de Brocca, Los siete pecados capitales, película
comunitaria donde Jean-Luc, trabajador incansable, eligió
filmar el segmento dedicado a la pereza. Al año
siguiente, filmó El Desprecio, basado en la novela homónima de Alberto
Moravia, película donde casi todos se interpretaban a sí mismos, Brigitte
Bardot, Michel Piccoli y Fritz Lang; especialmente éste último. Después de
muchos años y buenos films, Godard retomó en 1964 la idea de la película
comunitaria y junto a Claude Chabrol, Ugo Gregoretti, Hiromichi Horikawa y Roman Polanski,
estrenaron Las más famosas estafas del mundo, donde cada uno relataba
una famosa estafa apropiada a su honesto criterio cinematográfico. Film
Socialista, obra maestra de 2009, revela una vez más a Jean-Luc Godard,
lector de La Divina Comedia ,
como un gran poeta y un gran ser humano.
FRANÇOIS TRUFFAUT
Nadie diría que François era un enfant terrible, porque en su
biblioteca nunca estuvieron ausentes los libros de Henry James, Henri-Pierre
Roche, las antologías de los surrealistas,
los autores norteamericanos de todos los colores: novelas negras, como
las de Charles William, David Goodis y
William Irish, hasta los libros ultravioletas de Ray Bradbury. Truffaut fue de
la época de los buenos libros, donde los hombres se formaban leyendo. Según sus
propias palabras: “Vi la vida a través de
los libros y avancé como los trenes que temprano llevan a la gente a trabajar y
que al anochecer, los vagones regresan felices. Pude sentirme parte del
movimiento de una maquinaria, porque
estamos hechos para ser felices en el trabajo…en nuestro trabajo de cineastas.”
De paso, recomendaba: “El joven director
debe estar convencido de que no debe trabajar en contra de los productores ni
en contra del público y debe ser convincente con ellos, seducirlos y metérselos
en el bolsillo. En este oficio no queda otra que ser ambicioso, delirante y
salvajemente sincero para que el entusiasmo sea rápidamente comunicado en la
proyección y sea el público el que salga ganando. Hay que aceptar las
restricciones para que pasen a ser liberaciones, y asumir las torpezas para que
se vuelvan proezas, las que terminarán encantando al espectador.” Su segunda película Les mistons (Los mocosos) de 1957, es un film casi autobiográfico
que dos años más tardes creció hasta llegar a ser Les quatre cents coups (Las mil y una). Detrás de su cigarrillo,
Truffaut afirmaba que “los personajes,
necesariamente se parecen a su autor”. Sus obras de arte merecen ser vistas y escuchadas en francés para que no
pierdan una sola gota de su perfume: Jules
et Jim, La peau douce, La mariée était en noir, Baisers volés, La sirène du
Mississippi, L’enfant sauvage,
Domicile conjugal, Une Belle fille comme moi, La Nuit américaine, L’histoire
d’ Adèle H., L’argent de poche, L’homme qui aimat les femmes, La chambre verte,
L’amour en fuite, Le dernier métro, La femme d’à côte, y Vivement dimanche! No obstante, hay películas suyas que deben ser vistas y escuchadas en
inglés o en cualquier otro idioma parecido al inglés, una es la película donde
actuó sabiamente para Spielberg (Encuentro cercano del tercer tipo) y la
otra, Fahrenheit 451, basada en la novela homónima de Bradbury. Para terminar,
podemos decir que lo bueno de la Nouvelle vague, fue que revolucionó el espíritu
creativo de quienes hacían cine de
verdad. Lo malo de la
Nouvelle vague es que se terminó. No obstante, estos films se
consiguen y como un perfume a tabaco bien guardado, su música está intacta,
música que paradójicamente no era parisina sino más bien marítima, griega y
lejana.
UN JULIO VERNE TECNOLÓGICO
Si el genial escritor norteamericano
Michael Crichton hubiera nacido en Alemania, la tecnología hubiera adelantado
medio siglo o más. Menos mal que Michael
no fue tentado por los dioses del baseball,
del basquetball o del soccer, entonces nos hubiéramos quedado
hasta sin Parque Jurásico. Lo grave
del asunto es que los norteamericanos lo saben, pero como han aprendido de los
ingleses a no sentir ningún tipo de remordimiento ni de vergüenza, ahora
admiten que el apreciado médico Michael Crichton es el único ciudadano
norteamericano que ha tenido en el mismo instante el libro número uno: Disclosure; la película número uno: Jurassic Park; y la serie de televisión
número uno: Emergency Room. Qué
lastima que ya es tarde para todos, aunque bien sabemos que la sociedad
norteamericana es la campeona de las revelaciones, de los dinosaurios, de las
urgencias y de los instantes.
Michael Crichton nació en 1942 en la
mafiosa y elegante ciudad de Chicago, pero se educó en buenos colegios de New
York. Siempre fue un alumno estudioso y un mejor lector. Los profesores no lo
querían, era lógico, sabía más que todos ellos. Debió haber sido insoportable,
pero fue valiente, lo podían haber estrangulado. Es fama que en cierta ocasión
para comprobar el odio docente que provocaba, en un examen plagió unas páginas
de George Orwell, pero igualmente obtuvo una
nota baja. No obstante, logró graduarse con los máximos honores en
Harvard. La antropología fue una de sus grandes pasiones, también la medicina y
la paleontología. Mejoró su francés sólo para poder leer al verdadero Pierre
Teilhard de Chardin, paleontólogo, filósofo y sacerdote jesuita que tenía una
particular y original visión de la evolución de la especie humana. Michael
aprendió de Chardin a ver el mundo, la vida y el hombre, quien desde que existe
se ofrece como espectáculo a sí mismo. Así, pudo comprender una serie de “sentidos”,
que según las palabras del sabio jesuita: “son los sentidos que el ser humano
necesita y que los va adquiriendo, luchando y marcando como hitos en la
historia de su espíritu.” Crichton los anotó, los estudió y cada vez que
pudo, los puso en práctica:
v Sentido de la inmensidad espacial, tanto en lo grande
como en lo pequeño, que desarticule y articule, en el interior de una esfera de
radio indefinido, en los círculos de objetos que se comprimen a nuestro
alrededor.
v Sentido de la profundidad, que relegue de una manera
ardua y laboriosa, a lo largo de series ilimitadas, sobre distancias temporales
y desmesuradas, los acontecimientos que una especie de gravedad tiende de
manera continua a comprimir para nosotros en una fina hoja del Pasado.
v Sentido del número, que descubra y aprecie sin
pestañear la multitud enloquecedora de elementos materiales y vivientes que se
hallan comprometidos en la más pequeñas de las transformaciones del Universo.
v Sentido de la proporción, que establezca en lo posible
la diferencia de escala física que separa, tanto en dimensiones como en ritmos,
el átomo de la nebulosa, lo ínfimo de lo inmenso.
v Sentido de la cualidad o de la novedad, que puede
llegar, sin romper la unidad física del Mundo, a distinguir en la Naturaleza , unos estadíos
absolutos de perfección y crecimiento.
v Sentido del movimiento, capaz de percibir los
irresistibles desarrollos ocultos en las mayores lentitudes la agitación
extrema disimulada bajo un velo de reposo, lo completamente novedoso,
deslizándose hacia el centro mismo de la repetición monótona de las mismas
cosas.
v Sentido de lo orgánico, finalmente, que descubra las
interrelaciones físicas y la unidad estructural bajo la superficial
yuxtaposición de las sucesiones y de las colectividades.
v A falta de estas cualidades en su escrutar, el Hombre
continuará siendo indefinidamente para nosotros hombre, hágase lo que se haga
para que podamos ver, lo que aún resulta ser para tantas inteligencias: un
objeto errático en un Mundo dislocado. Que se desvanezca, por el contrario, en
nuestra óptica la triple ilusión de la pequeñez, de la pluralidad, y de la
inmovilidad, y el Hombre llegará a la
Cima eterna y momentánea de una Antropogénesis que corona a
su vez una Cosmogénesis. Sin estos sentidos el Hombre no sería capaz de verse a
sí mismo de manera completa fuera de la Humanidad , ni la Humanidad fuera de la
vida, ni la vida fuera del Universo.
Michael Crichton, 1942 – 2008, doctor, cineasta, marido con
experiencia, padre de una hija y de treinta libros, desde la luminosa ciudad de Los Ángeles, se retiró de este mundo para alcanzar el Punto Omega, misterioso lugar de primera calidad que está reservado para las almas ilustres. Los que curiosamente aún estamos en este mundo, recordando a Crichton, ya podemos olvidar sus declaraciones en contra de la ecología y de la politización de la ciencia, pero no sus novelas, las que han comenzado a sacarse de encima el peso de haber sido las más vendidas y las más compradas para producir guiones cinematográficos. En todos los libros escritos por Michael hay un arduo trabajo científico y visionario que espera nuevos lectores; su obra merece ser revisitada.
LAS VIEJAS PELÍCULAS QUE NOS EDUCARON
“Rara vez hablamos de la humanidad
eléctrica,
de la humanidad automovilística o
aeronáutica, por todo lo que estas tecnologías ha hecho
para revolucionar el orden social
educativo y la transformación de las prácticas de estudio.
Algún día ya no hablaremos más,
estoy seguro, de la humanidad digital,
pero por ahora la frase es
necesaria para distinguir los nuevos objetos, técnicas
y formas de estudio de aquellas
que utilizaban nuestros maestros en el
pasado.
Hoy casi no existe un existe un profesor que sentado
al pie de sus alumnos no se
permita una notebook,
incluso un teléfono celular,
como herramienta primordial
para toda labor educativa y
académica.”
De “La humanidad participativa: las humanidades digitales”
de
James J. O’Donnell, Daedalus,
Reflexión
sobre las Humanidades
publicación de la American Academy of Art & Sciences
Para recordar algunas películas
educativas predilectas y no ir demasiado lejos,
me tengo que remontar al año
1964, cuando se estrenó Mi bella dama,
basada en Pymalion, la pieza teatral
estrenada en 1938, del notable dramaturgo y socialista inglés George Bernard
Shaw. Casi veinte años después, pude
comprobar que Mi bella dama tuvo una
hija: Educando a Rita, estrenada en
1983, basada en la pieza teatral homónima del
dramaturgo y socialista inglés Willy Russel. En el medio de esas dos
fechas históricas, la educación se alejó de la Europa humanista y se
acercó al estilo norteamericano; el resultado era previsible. Un ejemplo de ese
marketing violento fue El hombre terminal,
film estrenado en 1974, basado en el tecno-thriller de Michael Crichton, que
bien pudo haber sido dramaturgo y socialista si no hubiera estado tan ocupado
como médico, lo que le permitió después cumplir de manera notable con ambas
obligaciones que había postergado. En buena hora, la medicina, la
educación y la delincuencia lo
preocuparon con sus estadísticas y escribió la novela The Terminan Man, acaso para encontrar una solución científica a
los demasiados crímenes cometidos por norteamericanos psicóticos. Cuando la
novela fue llevada al cine, se le introdujeron algunas variantes para que
ciertos personajes no se sintieran aludidos. El tema del control mental ya se
había instalado y la novela de Crichton lo llevó hasta sus últimas consecuencias.
La colocación de un miniordenador en el cerebro de Harry Benson, paciente que
sufre de epilepsia sicomotora y que sabe que las máquinas terminarán de
controlar a todo el mundo comenzado por él, es uno de los adelantos que hoy la biofísica está trabajando
para colaborar con la neurociencia Pensar que la era digital estaba en pañales cuando el libro fue
publicado en 1972. Mike Hodges escribió el guión, dirigió la película y aceleró
las fallas del audaz tratamiento que en la novela original no tenían ningún
apuro.
REVELACIÓN
Cuando las películas se comienzan a
traducir para ser distribuidas por el
mundo, casi todas pierden como en la guerra comenzando por sus títulos. Disclosure, la película basada en la novela de Michael
Crichton, se llamó en español Acoso
sexual y el público latino fue a ver eso y todo lo demás de la obra quedó
relegado a un segundo plano. Aparte de
las escenas de alto voltaje erótico, la obra planteaba el tema de la
digitalización de una manera despiadada y de paso, señalaba con precisión los
progresos tecnológicos que venían y que aún no habían llegado. En el film todos
pudimos ver escenas de virtualidad que no se han vuelto a rodar para evitar el
cliché, donde la carnal Meredith Johnson (Demi
Moore) no sólo es la usurpadora del puesto que merecía Tom Sanders (Michael
Douglas) sino una acosadora sexual. En la escena magistral de un almuerzo, el Presidente de Digicom, Bob Garvin (Donald Sutherland), nombra a Meredith en el
puesto que debió haber sido para Tom, y ella lo agradece con un discurso mientras
varias pantallas, alucinadas de virtualidad, respaldan sus palabras: “Los nuevos algoritmos de comprensión fijarán
una norma de video digital de 60 campos por segundos con procesadores RISC de
plataformas independientes con una imagen en
color de 32 bits. Ofrecemos, a
través de la tecnología lo que religión y revolución prometen, mas no han
cumplido: no estar atados al cuerpo físico; liberarnos de nacionalidad y
personalidad; de lugar y tiempo. Con los productor integrados nos podremos comunicar como
conciencias puras.” Sin embargo, el
producto “Arcamax” que va a cumplir lo que religiones y revoluciones no han
hecho, viene con defectos de fábrica y en el peor momento, ya que el sátrapa de
Garvin ha vendido el proyecto a la competencia a través de una fusión que le
reportará millones de dólares. Entonces, Bob organiza una cortina de humo para
distraer a todo el mundo, comenzando por Sander, para que nadie vaya a matar la
gallina de los huevos de oro. Meredith, se presta al juego y de ser la
victimaria asume el rol de víctima y le inicia a Tom un juicio por acoso sexual,
pleito que al final pierde. Disclosure
debería ser llevada al teatro para contar de nuevo lo que sucedió en muchas
empresas cibernéticas que nos vendieron “lo más chico, más veloz, más barato, mejor”
que no siempre resultó como prometía la publicidad que aún funciona asociada a
la voracidad de los usuarios que, como en un banquete pantagruélico, esperan
que sigan apareciendo manjares para probar y descartar. La novela en ese sentido fue una gran
revelación, lástima que todo quedó sepultado por unos minutos de sexo que ya
pasaron al olvido, pero que sirvieron
para comprobar que la fórmula para desviar la atención y que nunca falla
es: estrategia + escenografía = distracción. En “Disclosure” la fórmula funcionó y nadie
se salvó, ni siquiera el espectador.
PRIMERO FUE UN JUEGO;
DESPUÉS, UNA GUERRA
Estrenada un año
antes que Terminator, la película Juegos de guerra (1983), dirigida por
John Badham y ambientada en los últimos años de la Guerra fría, nos presentó
al primer hacker y los correspondientes peligros de quienes pueden birlar la
clave de un sistema informático. Ya sabemos que la computación tiene orígenes
bélicos y de algún modo, en cada herramienta informática hay una buena dosis de
información codiciada y vulnerable. Las armas nucleares, sembradas en lugares
estratégicos del planeta, dependen de ordenadores que siguen estando en las capitales
de Oriente y Occidente. La amenaza de conflicto seguirá latente mientras las
ojivas nucleares no hayan sido desactivadas. El mensaje de esta película es
claro: en una guerra nuclear no hay
ganadores, porque en ese extraño juego, la única manera de ganar es no jugar.
El guión del film, escrito por Lawrence Lasker y Walter F. Parkes, ha dado pié
para que otros realizadores sigan sacando provecho del género thriller al servicio de la ciencia
ficción y de los videos juegos, como el DEFCON, juego en tiempo real creado por
una empresa inglesa y que hace referencia a una tercera guerra mundial. Los
actuales anglosajones por vocación geopolítica, como los vikingos del
pasado, insisten en organizar amenazas
para el resto del mundo. En el film que nos preocupa, David Lightman, un
estudiante menor de edad pero no menor de inteligencia, busca la contraseña
para conseguir de manera ilegal nuevos juegos de guerra y la encuentra a través
de su computadora conectada al teléfono. Sabe que cuando más complicado es un
sistema informático, más tiene que ayudar al usuario. A partir del hallazgo, llega
sin querer hasta la computadora madre del Ministerio de Defensa norteamericano
que vive en estado de alerta y donde, luego del caos, “las cosas nunca volverán a ser iguales”. Los decorados de Juegos de guerra, fueron los más
costosos de su tiempo, ya que fue recreado un Pentágono bajo tierra con computadoras majestuosas, enormes
pantallas digitales y personal militar, mucho mejor instruido que los
verdaderos militares, para el manejo de radares, aviones y misiles. La
actuación del adolescente Matthew Broderick, de sangre irlandesa y católica, es
creíble porque es el hacker de sobria inocencia que se arrepiente a tiempo del
pecado cibernético. Para representar a Stephen Falken, el genio creador del juguete que casi lleva
al mundo a una guerra termonuclear, fue elegido John Wood, británico y cínico
profesional. Este personaje también tiene cierta devoción por la época jurásica
y es probable que un breve pasaje del film, años más tarde haya inspirado a
Spielberg a pensar en la realización de Parque
Jurásico y de Transformers. En esos virtuales juegos de guerra,
estudiantes y pacifistas fueron los más agradecidos.
DAVID CRONENBERG
Si bien es cierto que no todos
los canadienses son propensos a exacerbar y explotar los miedos humanos y los pantanos
del horror, David Cronenberg, que nació
en Toronto en marzo de 1943, lo ha hecho con notable interés y maestría. En
marzo del año 43 pasaron muchas cosas, algunas con los años serían importantes:
del otro lado del Atlántico, un aviador francés que no tenía una buena opinión
sobre las personas mayores y la gente seria, había terminado de escribir El principito. Mientras tanto y por la Segunda Guerra el
mundo se había convertido en una ciénaga, sin embargo, David Cronenberg cursó
sus estudios en el riguroso Instituto Harbord,
mientras su padre ejercía el severo periodismo; y su madre, el estricto piano.
No obstante, David pudo llegar alegre y jovial a la Universidad de
Toronto, donde se sintió feliz con la amistad de la literatura. Leyó a Vladimir
Nabokov con pudor y entusiasmo; y a William Burroughs, con lentitud y temor. La
escritura y la actuación, le enseñaron a leer entre líneas y décadas después,
se interpuso otra vez en su camino, y bajo la inocente forma de un panfleto, la
literatura de Burroughs con La revolución electrónica, un ensayo que
descubría las posibilidades sonoras y visuales del terrorismo psíquico: “Liberar al virus contenido en la palabra
podría ser más peligroso que liberar la energía del átomo. Porque todo el odio,
todo el dolor, todo el miedo y toda la lujuria están contenidos en la palabra.” Cronenberg ya infectado de caos social,
logró rodar Los crímenes del futuro y
otras películas que el gobierno canadiense se encargó de financiar. Como un
fiel cronista de su tiempo, los títulos de sus films parecieran haber sido
sacado de los copetes o titulares de la prensa amarilla, como Shivers,
película de 1975 que potenció los horrores corporales a partir de un
experimento científico que termina en un error siniestro. No en vano, el título
de esta obra tuvo tantas traducciones como países que la exhibieron: The came from within, Epidemia, Zombies,
Orgía de los parásitos de la sangre, Convulsiones, Vinieron de dentro de…,
Escalofríos, etc. Al año siguiente, filmó para el mercado de la televisión y en 1976, regresó al cine con Rabia, una película irónica dedicada a los carniceros de la medicina.
Instalado en el ámbito de lo morboso, el canadiense sale del encasillamiento y
da un salto a las habilidades cerebrales que puede explotar una corporación
multinacional reclutando empleados que practican la telepatía y la telekinesia:
Scanners. En cambio, en Videodrome, la maldad y la tortura que
maneja la corporación multinacional es de índole televisiva. Otras buenas
producciones del premiado Cronenberg son más psicológicas y sutiles, ya que
contrastan realidades subjetivas y objetivas, como ExistenZ, donde el espanto de la realidad virtual alcanza niveles
sublimes.
Hace poco pudimos ver “El método
peligroso”, película que Cronenberg intentó dirigir, pero todos nos dimos
cuenta de que un cineasta canadiense, audaz y experimentado, y que toda su vida se ha dedicado a la
ciencia ficción y al horror corporal, no debe meterse con Carl Jung, con Sabina
Spielrein y muchos menos, con Sigmund Freud.
1999
El cambio de milenio estimuló a
muchos directores y productores de cine, a otros los exacerbó
y a los menos, los sulfuró con nuevos proyectos. A los primeros, a los
estimulados psicológicamente y que es David Cronenberg y equipo, se les debe la
película ExistenZ; a los
exacerbados, Mátrix; y a los
últimos, lo sulfurosos, Piso 13. A los segundos, los podemos ubicar también en un
primer lugar y a los terceros, en un segundo, y nadie se va a enojar ya que las
tres películas se estrenaron el mismo año que moría el siglo XX para resucitar, en un orden
aleatorio, en el siglo XXI.
The
Thirteenth Floor es una película de carácter mitológico que ha servido, a
partir de la mala fama del número 13, para la superstición de otras
producciones redundantes: Los fantasmas
del piso 13, Atrapados en el piso 13, etc. Josef Rusnak, director del film
que nos interesa, basó su obra en una novela de ciencia ficción de Daniel
Francis Galouye, un oscuro escritor autor de libros brillantes: Simulacron 3, texto que primero fue
descubierto en Alemania por Rainer Werner Fassbinder, quien lo adaptó y estiró
para una miniserie de televisión de su país. El formidable argumento de una
máquina con capacidad de recrear una realidad virtual asombrosa que permite
viajar en el tiempo, transporta a sus creador hasta la ciudad de Los Ángeles en
el año 1937. En un momento clave, una persona de ese pasado es cambiada por una
del mundo real y presente mediante una alucinante transferencia de conciencia,
lo que le permite revelar un hecho desconocido que atrapa al espectador y que
no vamos a contar, ya que esta idea milenaria fue expuesta por Platón en La
República , en
el conocido mito de la caverna, donde nos enseña que siempre estamos rodeados,
respecto al conocimiento, de dos mundos,
el sensible y el inteligible.
La otra gran simulación virtual que
atrapó a los espectadores en 1999 fue The
Matrix, obra de los hermanos
Wachowski, nacidos en Chicago, quienes
de niños eran tan inaguantables que su madre en un momento los amenazó con
internarlos en un orfanato. Asustados se pusieron a fabricar sus propios
juguetes y después, crearon comics, como
El hombre de plástico, publicación
casera que la madre orgullosa e insoportable se encargó de mostrar y difundir
por el vecindario. Otras creaciones de estos inquietos hermanos son Carnívoro y Asesinos, comics que por
precaución, no fueron compartidos con el entorno doméstico. Es probable que
estos genios del cine sigan produciendo películas taquilleras y cosechando
aplausos, rumores y premios, pero cada vez es menos posible, como viene la
mano, que puedan repetir el éxito de la
saga que los llevó hasta el cemento fresco de Hollywood, donde dejaron las
huellas de sus extremidades.
INCEPTION
Antes de discurrir sobre Inception,
película que todos vimos como Origen
o El Origen, es oportuno no
olvidarnos de Alex Proyas, quien escribió y dirigió Dark City (1998), film que según mi modesta opinión, fue superior
en calidad a Matrix, pero que no tuvo
el respaldo publicitario y las estrellas de bronce que uno puede pisar en el
paseo de la fama. Es lógico que esa gran película en su momento haya pasado desapercibida,
especialmente para el público americano con el patio de atrás inclusive, que
por ahora no va al cine a plantearse preguntas psicológicas, sociológicas y
filosóficas, como la predisposición genética que moldea y predispone el
carácter de un ser humano, sus pensamientos, sus recuerdos y sus olvidos como
respuesta al entorno social donde nace, se cría y se educa; tal vez dentro
cincuenta años lo haga, Otras obras de
este cineasta, hijo de padres griegos, nacido en Egipto y criado en Australia,
son: Yo, robot y Knowing (Señales del futuro).
El futuro llegó a las pantallas en el
año 2010 de la mano del director Christopher
Nolan, cuya mentalidad inglesa lo había preparado para trabajar con cualquier
tipo de perversiones. Christopher en el año 2000, supo aprovechar sus
conocimientos psicológicos en el suspensivo film Memento (Conocido en nuestro mundo
como Amnesia), y cuando
terminó con ese rodaje que daba saltos en el tiempo, decidió volver a emplear
la gimnasia metafísica en su próxima película. Fue en la taquillera Titanic donde Nolan descubrió a un lindo
actor que se parecía a él de manera extraordinaria: Leonardo Di Caprio. Este
hecho aparentemente frívolo, lo llevó a escribir un guión de ciencia ficción en
el cual un director de cine logra insertar en el alma de un actor el film que
él tiene en su mente. De este proyecto secreto habló con varios productores que
desconfiaron de la intrépida idea. Nolan modificó lo escrito introduciendo en
la trama un thriller y decidido a filmarlo, afrontó su producción con la ayuda
de Emma Thomas. La literatura universal, con diversos y famosos ejemplos, ya
conocía el tema de la ficción dentro de la ficción, Shakespeare la había puesto
en práctica en Hamlet y Cervantes, en el Don Quijote. Christopher consultó a
los mejores especialistas en sueños y así nació un film de poesía violenta
escrito a fuerza de laberintos y que entre sus corredores secretos, los
personajes de la ficción pasan a una ficticia realidad, donde sueñan otra
ficción que los lleva a una realidad de sueños ficticios instalados en un
tercer nivel del subsuelo mental. En esas profundidades oníricas, el espectador
–que no ha escapado a tiempo– queda atrapado esperando el final que por fin
llega de una manera oscura y abierta, para que saque sus propias conclusiones,
si puede, de una manera tranquila, despierta y ordenada.
SIN LÍMITES
El NZT 48, neurofármaco clave de esta
película, es la droga que todos los
escritores quisiéramos tener cuando ante la página en blanco no se nos ocurre
nada; con mayor si ya hemos recibido un adelanto de dinero por el libro. El
laboratorio ilegal que la produce, ha identificado los receptores del cerebro
que activan los circuitos específicos de la creatividad y una vez que ingerimos
esta píldora de la inteligencia, sus componentes químicos nos permiten utilizar
el 100% de la capacidad cerebral y no un porcentaje mucho menor como
normalmente ocurre.
El gran Neil Burger en 1969, para
dirigir buenas películas, nació en el pequeño estado de Conneticut, una pequeña
Suiza donde las compañías de seguros pueden, por ahora, dormir tranquilas. Neil
concluyó sus estudios en la
Universidad de Yale y se graduó en Bellas Artes, licenciatura
que le dio una mayor seguridad para involucrarse en la década del 80 con el
cine experimental. En ese rubro se destacó con el documental Entrevista con un asesino (2002). Obras
de este tipo nunca fallan en el mercado, la prueba está que este film fue
premiado en los festivales cine de Woodstock y de Avignon. El año 2006 Burger
como guionista y director presentó El
Ilusionista, película basada en una novela de Steven Millhauser; los
poderes de la magia es otro tema que también tiene un público asegurado. Si
fuera por la industria del cine, no producirían otra cosa que no fueran los
poderes de la magia, así fueran naturales o sobrenaturales. Burger continuó
explotando temas seguros, lástima que en el año 2008 se apuró en rodar The Lucky Ones (Los afortunados), una comedia
dramática que cuenta la historia de tres soldados estadounidenses, entre ellos
una mujer, que han regresado de la
Guerra de Irak. El tema era demasiado fresco como para poner
a una prueba neurocognitiva la frágil memoria reciente de los ciudadanos que
habían pagado con muchas vidas y con sus impuestos esa guerra. Tres años
después, Burger consiguió su revancha con una película insigne hecha a la
medida de Hollywood: Sin límites, un
buen thriller obsesivo que contó con la paranoia de Robert De Niro y la de
Bradley Cooper, quienes manejaron sus papeles con una naturalidad
norteamericana envidiable.
NZT
48 es el potencial remedio que podría establecer buenas relaciones con los
futuros productos de la nanotecnología y de la mecánica cuántica. Estas y otras
novedades son parte de los experimentos secretos que han entrado en disputa, en
una pelea de laboratorio que algún día será llevada al cine, entre neuroquímicos norteamericanos y
científicos alemanes que trabajan día y noche para ver quien clava primero su
bandera en el lóbulo occipital del cerebro humano.









